miércoles, 17 de julio de 2013

NO ME VISITASTE(S) (GUARDIOLA DESAGRADECIDO)





En Nueva York coincidimos
pasando un gran sofocón
no encontramos buen jamón
en ningún bar al que fuimos.
Después hubo dos caminos;
tú aprendías alemán,
yo maldecía en catalán, 
me dolía hasta dormido.
Y tú que eres mi amigo
no me trajiste ni pan.

PROMESAS ELECTORALES






Cultura subvencionada
eterna lista de espera
renqueante de cadera
te vendiste a la manada.
Mejor será esto que nada
¿no veis que soy jubilado?
tendré que estar en el lado
del que defiende la pública.
Y sin tiempo para súplica
todo se tornó privado.

¿VIVA LA REPÚBLICA?





No sin cierto fundamento
pareciera la República
una consagrada rúbrica
para muchos de un tormento.
Sin vacilación asiento
que no cambian los patrones
y las mismas divisiones
ocupan el Parlamento.
¡Qué es lo mismo!Lo lamento,
solo afecta a los Borbones.

PARA GUSTOS....





Leo El Mundo y La Razón
y no encuentro parecido
cada cuál su preferido,
cada uno su versión.
Al ponerme en situación
se empieza a notar olor.
El Pais en su vector,
el ABC en la otra punta,
que la verdad no confunda
todo es según el color...

INFAMIA






Sabiendo que es gran hazaña
defender la honestidad
con gestos de heroicidad
dejó hacer a la guadaña.
Dio su vida por España
atestiguó acorralado
para sentirse escudado
el valiente secretario
tras el pobre argumentario
del tiro de gracia dado.

YO SOY LA JUSTICIA





Nos sobran las diligencias
para que buscar más pruebas
no necesitamos nuevas
aportaciones,ni ciencias
que remuevan las conciencias
y nos despierten la duda.
Sabemos echar la culpa 
de una somera mirada;
el prejuicio no falla:
"a este, ni Dios lo indulta"

URBANISMO




De orden del señor alcalde
a todos se hace saber
que las flores a poner 
no van a salir de balde.
Que no queda arca que salde
la rotonda de la plaza,
que ya no queda otra baza
para los bancos del parque, 
que otro impuesto es importante
porque el radar ya no caza.

SGAE






¿A dónde ibas Antón?

Ya mi padre lo decía
de algo él te conocía,
si no sabes de gestión.
Dedícate a la canción,
no te hagas el responsable
con un proyecto inviable 
que no engaña a la verdad
y entrega la sociedad
a algún presunto "untable".

SILENCIO




Amigo y profesional
no se me abrasa la mano
si la pongo por Mariano
en las ascuas, al final.
No quiero que penséis mal
si permanece callado.
El no me ha facilitado
la construcción de las dársenas,
nunca di sobres a Bárcenas:
"todo el PP es honrado"

lunes, 15 de julio de 2013

COMPARECENCIA





Lo negó más de tres veces
cuando por él preguntaban
pero nunca sospechaban
que se pasó varios meses
mandándole sms.
El es solo un delincuente
¿no creéis al presidente?
aunque el asunto os irrita
no pretendáis que dimita
solo la duda me ofende.

domingo, 7 de julio de 2013

HEROICIDADES

Enhorabuena, frustraste un atraco. Es cierto que usaste a una persona mayor como parapeto para evitar las balas de los ladrones. También es verdad que, a continuación, la lanzaste contra ellos a modo de arma arrojadiza para detenerlos pero, ¿ qué otra cosa podías hacer? 

No escuches a la parte "buenista" de la sociedad. Todos sabemos que no se debe utilizar ancianos como escudos humanos como norma general, pero debemos tener claro que cada regla tiene sus excepciones, a veces hay causas de fuerza mayor que requieren una actuación rápida y sin titubeos. 

Así que no te autocensures por ello. Haz caso al alcalde y al director de la sucursal. Ellos saben que para lograr un gran bien, alguna vez hay que provocar un pequeño mal. Toma sus palabras y repítete sin pudor y con orgullo:

SOY UN PUTO HÉROE.

jueves, 16 de mayo de 2013

PSICOTROPÍAS


     De pequeño siempre quise leer el bigote de Salvador Dalí. Los mayores se preocupaban, pensaban que solo decía incongruencias, tonterías y que estaba mal de la chota y mis amigos se reían de mí y me daban collejas.

     Con el tiempo se me pasó y agradecí a todo el mundo su incomprensión y sus insultos; gracias a eso soy una persona normal ahora. Por eso me da pena y no entiendo por qué, vosotros que tanto me ayudasteis, no hicisteis lo mismo con la panda de ñoños que años después se volvían locos por escuchar la oreja de Van Gogh.

     Extraña y sabia sociedad esta que nos aglutina!!!!

martes, 26 de marzo de 2013

POBRE CRISTINA!

    Se sentía impotente, a punto de perder su empleo de retén en el servicio de bomberos de su pueblo. Aquel verano empezaba seco y todo parecía presagiar que no le faltaría trabajo pero no fue así. No sabía si era la casualidad, si la gente se estaba volviendo cívica de pronto, si ya no había nadie interesado por recalificar, ..., pero se escuchaban rumores acerca de recortes en el departamento y se empezó a poner nervioso. No se sintió orgulloso pero tenía que comer así que a la menor oportunidad prendió la mecha.

    Ella siempre fue una chica decente. Muy aplicada en los estudios y responsable los fines de semana. Nunca se iba a la cama con un chico la primera vez. Conoció al hombre de su vida y no tardó en comprometerse. Con el primer bebé decidió abandonar sus estudios y para cuando llegó el tercero su vida se quedó sin el hombre. Nunca supo la razón pero sí, se marchó a por tabaco y jamás regresó. Al principio lo que más le dolió fue el tópico pero lo que no se pudo perdonar es haberse puesto tan pesada aquella noche en que le obligó a bajar....él ni siquiera fumaba. Ella, después de reiterados intentos de conseguir un trabajo que le permitiese mantener a sus hijos tuvo que tragarse la decencia y ejercer. Esta vez no fue vender su cuerpo lo más doloroso, lo que en realidad no pudo soportar de su vida fue, esta vez sí, el tópico en que se había convertido.

    Ellos siempre supieron que no había negocio más lucrativo. Los unos formaban parte de la cuarta generación de la banda más importante de tráfico de drogas de aquel país imaginario. Los otros se las arreglaban para mantener el equilibrio entre sus deseos y las necesidades de sus compatriotas. Pensaron que tenían todo controlado y que duraría para siempre pero pronto tuvieron que adaptarse a las nuevas circunstancias. Los ciudadanos decidieron, por sorpresa y al unísono, dejar de consumir en masa. Algunos pensaron que no tenía sentido gastar en ello lo poco que ganaban, otros se preocuparon por su salud; lo cierto es que por lo que fuera y en general, se perdió el interés y al cártel se le amontonaba el stock sin saber como darle salida. Tras sopesar todas las posibilidades que se pusieron en juego se llegó a la única conclusión posible. Los otros se encargaron de cambiar la legislación y los unos se convirtieron en empresarios farmacéuticos. Un poco de marketing, un pequeño cambio en la manera de interpretar sus propiedades y el milagro se obró. En pocos meses se racionalizó el consumo, las arcas de hacienda engordaron significativamente, se redujo el nivel de delincuencia y se erradicó un enorme problema de salud pública. Los unos y los otros siguieron ganando. Menos que antes pero ganando al fin y al cabo del miedo.

    Se sentía poderosa en su nuevo cargo. Quería demostrar que se podía contar con ella y no desperdiciaba la menor oportunidad para hacerse valer. Entendía que su trabajo consistía en restablecer el orden público a toda costa y llevaba tiempo demostrando que no le temblaba la mano para conseguirlo aunque tuviera que ordenar a su ejército utilizar toda la contundencia que fuese necesaria. Pero últimamente la cosa estaba tranquila, todos conocían sus derechos y los ejercían con arreglo a ley por lo que la impulsiva delegada del gobierno no encontraba acto donde ejercer su autoridad. Parecía que de un tiempo a esta parte se había quedado sin orden que restablecer y eso la alteraba. No podía tolerar que no se hablase de su eficiencia y, como el bombero que no tenía fuego que apagar, la mujer que no podía alimentar a sus hijos con su decencia o el traficante que no tenía yonki al que vender, decidió provocar los acontecimientos e incendiar a la ciudadanía que luchaba pacíficamente por sus derechos. Pronto podría volver a demostrar su eficacia como agente represor. Aquella noche durmió con una enorme sonrisa de oreja a oreja.

    

    

domingo, 24 de marzo de 2013

AQUELLA NOCHE EN LA QUE EL TELÉFONO SONÓ

      De aquel día en que el teléfono sonó no recuerdo bien la fecha exacta. Presumo que fue un día de fin de año, entre otras cosas porque estábamos cenando todos y no solíamos reunirnos a esas horas si no era para disfrutar de alguna celebración especial. Estábamos alegres, charlando de cualquier tema que se nos viniera a la mente y comiendo todo tipo de manjares preparados con entusiasmo para la ocasión. A muchos nos cogió por sorpresa y más de uno se sobresaltó. Permanecimos en silencio, conteniendo la respiración; con el último bocado apresado entre los dientes agonizando a causa de la deliberada pausa ante un fin que se demoraba más de lo habitual. Con premura descolgó el teléfono ante nuestra inquisitiva y ansiosa mirada y contestó: ¿Digamelón?.

     Las carcajadas ante la tele no remitieron hasta bastante tiempo después de desaparecer de la pantalla  Millán Salcedo y el esperpéntico saludo empezaba a pegársenos a las cuerdas vocales como si desde ellas quisiera mandarle un mensaje a nuestros cerebros: Cuando te encuentres con alguien en cualquier lado o contestes al teléfono la llamada de algún amigo de confianza pronúnciame al saludar. ¡Verás las risas!
Había nacido una muletilla socarrona. Toda España (increíblemente o no) disfrutó aquella noche con el programa... bueno... toda no...en algún lugar de la península había una joven persona a la que la broma no le chistó lo más mínimo....una persona....

    Fati por aquella época era una muchacha vivaracha y avispada que cursaba sus estudios superiores en alguna Universidad de prestigio de este bendito país. Prestigio era en aquella época (y sigue siéndolo hoy en día) la palabra eufemística que las clases adineradas utilizaban (y todavía siguen haciéndolo) para no tener que hablar de dinero. Los que no lo tengáis no lo sabréis pero para quien lo tiene, está muy feo hablar de él. Probablemente sea debido a que por naturaleza, el ser humano tiende a ocultar sus obsesiones. Cuestión de pudor como el del maníaco sexual que disimula en las conversaciones hablando de coches y otros asuntos intrascendentes. Y el mismo prestigio que servía para aumentar el caché del centro solía valer como argumento para incrementar las notas de estudiantes avispados y vivarachos como Fati que se iban labrando un curriculum brillante siempre que su "acreditado" progenitor fuese lo suficientemente altruista como para compartir parte de "reconocimiento" a beneficio de la Universidad de turno.

    Decíamos que Fati era una muchacha vivaracha y avispada y sabíamos también que fue la única que no se carcajeó aquella noche en la que el teléfono sonó pero todavía no tenemos muy clara la razón. Al día siguiente Fati decidió cambiar su peinado, ensayó varias expresiones clave durante horas ante el espejo y cuando no le quedó más remedio convino en salir a la calle. Los primeros transeúntes con los que se cruzó le hicieron pensar que todo iría bien pero vivía en un barrio grande y aquella gente le resultaba totalmente desconocida, no podía cantar victoria. Fue en el quiosco, en el que siempre compraba la prensa, donde empezó a notar que todo había cambiado. Don Julián, el quiosquero, era un señor afable, próximo a la jubilación, acostumbrado a tratar con todo tipo de gente y a comportarse en cualquier situación, era un caballero y sabría tratarla con decencia pero no pudo reprimir un suspiro al verla aparecer y la mueca que el enorme mostacho encanecido encubría no era la misma que solía poner habitualmente al saludar. Y ese  tipo de detalles Fati sabía captarlos. 

    Las cosas fueron paulatinamente empeorando para ella; señoras que cuchicheaban en la tienda a sus espaldas, niños pequeños que señalaban y se reían en la calle ante el gesto represor de sus padres que se debatían entre el rubor y la hilaridad, algún toque de claxon (si bien Fati quería pensar que estos podían deberse a otros motivos, tales como el esplendor con que su falda resaltaba el moreno de sus rodillas o aquel cardado tan a la moda esos días). Pero lo peor llegó cuando quedó con su novio y la pandilla en el bar de siempre. Abrió vacilante la puerta y se dirigió hasta donde se encontraban. Al verla llegar todos clavaron sus pícaras miradas en ella y la saludaron: ¿Digamelón?

Fati salió corriendo y llorando del bar. Se volvió a casa entre sollozos comprendiendo que solo había una solución y no quedaba más remedio que tomar aquella decisión. Al día siguiente hizo las maletas, abandonó su ciudad y a su familia y se marchó a cualquier otro lugar en el que no pudiera ser reconocida.

    En una semana la Fati estaba cursando sus estudios superiores en aquella nueva ciudad, en cualquier otra Universidad de prestigio que se mostró encantada de poder compartirlo con el de su padre a pesar de estar tan avanzado ya el curso académico. No sería ningún problema, además de vivaracha, la Fati era una chica avispada y podría ponerse pronto al día, además el profesorado aseguraba que le daría todas las facilidades para que así fuera. Su vida volvía a ser aparentemente normal pero Fati tenía clavada una punzante daga muy dentro de su alma. Durante años la maldita coletilla le perseguía y le recordaba aquella maldita situación que la obligó a huir de todo lo que conocía.

    Mientras Fati se iba convirtiendo en lo que hoy en día llegó a ser, fue planeando su venganza. Su odio se acrecentaba y culpaba a todo el mundo de haberla obligado a abandonar su lugar. No pasaba un solo día en que no recordara el trago y el rencor se fue apoderando de ella; la gente que se reía, los amigos, su novio, todos estos años de escuchar la expresión una y otra vez.... Fati se convirtió en una mujer retraída, le costaba relacionarse con los demás y no son pocos los rumores sobre su inactividad sexual. Se encerró en si misma y se condujo siempre conforme a su plan, trazado para consumar la venganza con la que poder aliviar su desazón. Cuando llegó al ministerio todos los que la conocían tenían claro para que había sido. Empezó a recortar presupuestos y fue elaborando leyes que estrangulaban más a todos, todos esos necios estúpidos que en su día pronunciaron aquella absurda coletilla y que se carcajearon con el aspecto de aquella mujer en la tele sabrían por fin qué se siente cuando se pierden derechos que daban por sentados. Solo quedaba el último detalle para poner la guinda a la venganza. La Fati rescató de lo más profundo del armario el vestido que solía llevar y se peinó como lo hacía por aquel entonces, antes de la fatídica noche en la que el teléfono sonó. Quería que todos en su antiguo barrio supieran quien era y fueran conscientes de que era ella la que reiría en último lugar, había ganado.
 
    La gente comprendió entonces que reírse del asombroso parecido de la Fati con aquella mujer que contestó: ¿Digamelon? había sido un error que iban a pagar muy caro. 

                             
  


jueves, 21 de marzo de 2013

VOTA, REVOTA Y EN TU CULO EXPLOTA

    Sé (y espero) que a muchos os habrá llamado la atención el doble ¡error ortográfico? del título de la entrada. Supongo que las reacciones al mismo serán de lo más variadas; sorpresa, hilaridad, indignación ante la ignorancia del autor, simplemente indiferencia, o que sé yo cuantas más (empezar nuevo post divagando después de tanto tiempo sin entrar en el blog es lo mejor para captar vuestra atención de nuevo, soy un genio de las redes sociales, lo sé). Los pocos que no hayáis notado nada y todos los de la Logse sois los que hubieseis acertado si a la pregunta "¿veis alguna falta de ortografía en el título de esta entrada?" os encogieseis de hombros y contestaseis "Nooop". ¡¡¡Enhorabuena!!!

    Reconozco que estoy un poco disperso, lo normal después de tanto tiempo sin aporrear teclitas, pero como es posible que todavía quede alguien leyendo a estas alturas de disertación absurda intentaré ir al grano. Si soy capaz de encontrarlo, no desesperéis. 

    Recordaba el otro día mientras veía con atención las noticias entre bostezo y suspiro, aquellas trascendentes y épicas disputas infantiles en las que defendíamos nuestro pequeño ego malherido con el clásico "y tú más" ante el lacerante insulto provocador del compañero que no contento con robarte la canica, se reía y provocaba nuestra ira al recriminarle su actitud y exigirle la devolución de la posesión tan vilmente afanada. Esa respuesta al insulto, era desafiante y altiva y debía de servir para terminar con el conflicto por lo que resultaba incomprensible que lejos de huir con el rabo entre las piernas nuestro rival respondiese con la contundente expresión "me bota y en tu culo explota". Los niños normales, ante la magnitud e intensidad del argumento se daban por vencidos pero en ese momento era cuando surgíamos los niños especiales, dotados con una impresionante capacidad de réplica innata y respondíamos " pues a mí me bota, me rebota y en el tuyo explota". Chúpate esa, impúber ordinario, el desafío estaba ganado, pero la canica no la devolvía el muy....

    A estas alturas la mayor parte de vosotros, al menos de los que hubieseis fallado la pregunta inicial, habréis adivinado que tan evocador recuerdo me vino dado por una de las múltiples disputas de gran nivel que a diario se producen en nuestro infravalorado Parlamento. En este caso creo que se trataba de un duelo de Sorayas pero podría ser cualquier otro. Dejando al margen momentáneamente la elevada cota de dialéctica política, ¿algún periodista en la sala que pueda explicar qué tiene de interesante rescatar esas peleas ridículas en los informativos? ¿de verdad es lo más reseñable que pasa en el Parlamento? ¿Nadie explica nada allí o alguien decide que no nos importa y que lo único que queremos es sangre?¿Realmente será cierto que lo que queremos es ver como se echan mierda los unos a los otros? ¿No nos interesa saber como describen los problemas y que soluciones les dan? ¿Votamos en función de quien tiene más capacidad para dejar en evidencia al adversario? ¿Solo hay dos opciones y son esas las únicas opciones que hay para la inmensa mayoría de medios de comunicación? ¿Cree la mayor parte de la población que la política es un combate de boxeo dialéctico entre dos, y solo dos, adversarios? Si es así la próxima vez que toque ir a las urnas ya sabéis "Vota, revota y en nuestro culo explota"

    

lunes, 28 de mayo de 2012

¿QUÉ TIPO DE CALZONCILLOS USA RAJOY?




     Supongo que la mayoría habrá llegado hasta la entrada de este modesto blog ansioso por conocer la respuesta a la pregunta que le da título. Trataré de satisfacer vuestra, digamos, curiosidad a la mayor brevedad. No quisiera ser yo uno de esos reprobadores mal intencionados que prejuzga y osa tildar de morbosa a la gente solo porque ambicionen instruirse y adquirir algunos de los valiosos conocimientos que hoy día la red, bendita red, proporciona libremente. Hay que tener en cuenta además que por su categoría, la pregunta podría incluirse perfectamente en eso que los politólogos llaman "cuestión de Estado" y se sabe que en España somos extremadamente tendentes a conocer y participar activamente en asuntos de política que afectan al bien común.

     Muchos de vosotros habréis supuesto ya mi contestación. No en vano nuestra prodigiosa naturaleza nos confiere con inusual frecuencia una portentosa capacidad intuitiva de la que solemos jactarnos orgullosamente (cierto es que normalmente a posteriori) pero de todos modos ahí va la respuesta :  

     "No sé que tipo de calzoncillos usa Rajoy" pero ese no es motivo suficiente para tenerle miedo. Del mismo modo, conocer la clase de boxers o el color de los slips con los que el señor presidente sujeta sus "analogías" sería circunstancia relevante para decidir dejar de respetarle, aunque solo sea atendiendo a su condición de ser humano. 

     Digo esto porque la actitud de Rajoy y sus acólitos tratando de dibujarnos un panorama aterrador con el fin de llevar a cabo sus políticas neoliberales ante nuestra indolencia, me recuerda a la de una profesora de instituto que me dio clase de Historia hace ya algunos años (todavía no tantos). Era una mujer oronda, probablemente próxima a la jubilación, aunque con dieciséis años cualquier persona que aparentase llevar a las espaldas más de cuatro décadas lo parecía. En cualquier caso, parecía indudable que la buena mujer había iniciado su carrera docente durante el "Antiguo Régimen" y sus métodos todavía pertenecían a él.

     La maestra, pongamos que se llamaba Gloria. Pues bien, Gloria llegó al instituto días después de presentarse en él su sanguinaria fama. El primer día de clase se presentó vigorosa y falsamente amable con la sana intención de predisponernos para posteriormente comenzar a inculcarnos a quemarropa su doctrina. Eran casi dos metros de señora con cara de no haber dormido bien y un maquillaje que no conseguía hacernos distinguir si aquella mujer estaba realmente viva o se levantaba cada mañana de su tumba dispuesta a comerse las vísceras del alumno que no se aplicara. Nosotros entonces, ya sabíamos que la habían echado de todos los centros en los que trabajó anteriormente (incluso de un colegio de monjas). Sabíamos que día sí y día también se enfrentaba a juicios con padres, alumnos, otros profesores y todo aquel que se pusiese por delante. Y sabíamos, lo más importante, que era imposible aprobar la asignatura a no ser que en el examen escribieses las respuestas exactamente y palabra por palabra tal y como ella quería. Ahora la teníamos delante, y he de decir, que su prestigio se sumó a su presencia con tal virulencia que al salir a los pasillos en el descanso, la mayoría coincidimos en que había sido una de las experiencias más espeluznantes de nuestras cortas vidas.

     No me perderé en anécdotas debido a mis problemas de memoria episódica pero si recuerdo que la dinámica de aquellas clases era infernal. El ambiente estaba infectado de tensión y Gloria parecía disfrutar incrementándola, disparando continuamente preguntas y apuntándonos con su mirada endemoniada. Tenía la dudosa habilidad de elegir siempre a los que no nos sabíamos las respuestas y con cada cuestión fallada, sus desmesurados carrillos iban cogiendo color hasta amoratarse, sus ojos salían de las cuencas inyectados en sangre y de su cabeza más de uno hubiese jurado ver salir un espeso humo negro. Entonces, de su sórdida garganta se escapaban unos estridentes sonidos que pretendía hacer pasar por palabras con los que conseguía vapulearnos como si mostrar nuestra ignorancia en público no fuese suficientemente cruel. 

     Es muy probable que las cuestiones que nos plantease fueran de sentido común o que deberían haber sido estudiadas en su momento. Es sumamente factible que el ochenta por ciento del alumnado tuviese mayor interés en saber quien ocupaba esa semana el número uno de los cuarenta principales que el año en el que empezó la Guerra Civil pero dudo que su actitud sirviese para despertar ningún tipo de inquietud académica en ninguno de nosotros. Claro que no creo que esa fuese su intención. Y a pesar de todo, los hay empeñados en decir que cualquier Ley de Educación pretérita fue mejor. Es opinable.

     Gloria era una maestra de la vieja escuela, de esas que todavía no sabía que existía una diferencia (no tan sutil) entre el respeto y el miedo. Hasta que llegó el tiempo de nuestra venganza. Fortuita, así pienso que fue como se desarrollaron los hechos a día hoy, pero no por ello menos suculenta. Como ya he debido decir y sin pretender cebarme en este aspecto, era una persona bastante alta y muy gruesa. A pesar de los años y de mis problemas de memoria que creo haber mencionado también, no me equivoco demasiado si me aventuro a aseverar que superaba las tres cifras en kilos. Es importante citar su envergadura debido a la responsabilidad que esta sin duda tuvo al ejercer presión en el reposabrazos de la vetusta silla sobre la que la educadora se sentó. El asiento debía de estar también próximo a la jubilación pero por desgracia no pudo sobrevivir al fatal accidente. Su carrera se truncó en ese momento al no poder aguantar el peso de su eventual inquilina. Entre aspavientos y con cara de estar siendo absorbida por un agujero negro, Gloria se derrumbó. Su curvilínea espalda al contactar contra el suelo rodó ligeramente, lo suficiente para que sus piernas se elevasen por encima de la cintura y provocasen que sus faldas cediesen terreno, dejando al aire sus muslacos y en última instancia, sus enormes bragas.

     Toda la clase contempló el espectáculo pero no se escucharon más que leves murmullos. Nadie se atrevió a carcajearse...hasta que la docente se levantó y la dio por terminada huyendo con la cabeza enterrada en los hombros. A partir de ese día algo cambió en nuestra relación con la maestra. Evidentemente seguimos teniéndole miedo, más todavía si cabe a raíz del incidente pero le habíamos perdido totalmente el respeto y nunca más conseguiría ganárselo. No todo fue negativo para Gloria. Ese día, al menos aprendió la diferencia entre el miedo y el  respeto antes de concluir su trayectoria profesional. 

     Lo que quería contar a fin de cuentas es que como por lo que parece, no hay nada de lo que digan, por muy falso, demagógico o perverso que pueda llegar a ser, que les haga ruborizarse; todos los políticos deberían quedarse con la ropa interior al aire en público al menos una vez en sus vidas. Lo máximo que sacaremos de ellos, por muy pueril que pueda parecer, es el placer de observarles sintiéndose ridículos. Todo lo demás ya se lo han llevado o están haciéndolo en estos momentos. 

     Por cierto, supongo que no os interesa y que posiblemente os lo podáis imaginar teniendo en cuenta  que la intuición no nos suele fallar, pero os lo cuento :          

      Negras...... sus bragas eran negras.



     




jueves, 10 de mayo de 2012

EL LASTRE

     Los días se habían convertido en un macabro juego de azar. Las horas eran escupidas sin piedad por un bombo cruel que parecía esconder en su vientre las bolas que coincidían con su boleto. 

     "Lo siento. Siga probando, espero que tenga suerte. Buenos días"

    "Suerte" Empezaba a sonar a palabra maldita para "el Chino". Desde hacía seis meses, todo el mundo lo animaba y se la deseaba como si no fuese posible encontrar otra solución para él. Pero "el Chino" no precisaba de la puta suerte. Solo necesitaba un empresario que dedicase unos minutos a leer el contenido del currículum y no prejuzgase intenciones en función de su pasado. El pasado, una vez, fue un maremoto que engulló su irreprochable reputación. Han pasado muchos años ya, pero por más que pasen esa playa costera no recuperará nunca del todo su pretérito e impoluto esplendor.

     "El Chino" entretiene los intervalos vespertinos en el bar frente a la pensión que le da cobijo provisional. La primera deja siempre un poso amargo y protesta porque no soporta el sabor algo acedo y metalizado.        

     " Este no es el de siempre, Germán, no me jodas". Después, uno tras otro, caen los tragos del indigesto mejunje casero que le venden por "Rioja" al tiempo que su realidad se va disipando. Comparte barra con cualquier alma perdida eventual, ríe, llora, finge que escucha, habla, frecuentemente discute y si es inevitable se pelea. 

     Hoy Germán ha tenido que volver a invitarle a salir. No pagó las últimas dos copas. Sabe que es cliente habitual y que no se va a escapar del hostal pero "el Chino" ha vuelto a tener que escuchar la cantinela. 

     " La casa no ha tenido por uso fiar al cliente en ciento veinte años de servicio y no va a hacer una excepción contigo por muy fiable que seas. No lo hizo con el gran escritor...." 

     " No se qué de Bradomín, sí lo sé. Acabas de perder un cliente... y esta vez lo digo en serio. Buenas noches", balbuceó "el Chino" de un modo ininteligible y tan pausado que las palabras le sirvieron de puente entre la puerta del bar y la de su hostal.

     Por las noches luchaba consigo mismo por no pensar. Acercaba la nariz a la áspera y raída sábana y respiraba fuerte aquel olor a desinfectante, como si pretendiera colocarse. Pero siempre le venía a la mente su pequeña Rebequita. Sabía que estaba bien por Tito, el mayor, que accedió a charlar con él un rato el día que salió. Pero le dejó claro que ambos se las había arreglado muy bien solos y que no necesitaban que nadie les viniese a enturbiar la paz que tanto habían tenido que pelear por su causa.

     En la mesilla, entre sus pocas pertenencias, conservaba la cuchilla improvisada con filtros de colillas que "el Mellao" le regaló como recuerdo el día que salió. Nada aseguraba que no pudiese fabricar otra pero era buena señal que se desprendiese de ella. Todavía recuerda la sangre por toda la habitación y sus ojos asustados. Menos mal que llegó a tiempo y pudo apretar lo suficiente para contener la hemorragia al tiempo que gritaba para que los guardias acudiesen. El cabrón de "el Mellao", vaya susto que les había dado a todos. Esa era su auténtica familia. Las horas de patio discutiendo de política, los talleres donde soñaban con aprender un oficio para mantenerse el día en que recuperasen la libertad... Esta es la libertad que buscó durante más de veinte años... ¿y ahora qué? Lloraba mientras sujetaba la frustrada arma del suicida. La decisión estaba tomada.

     "El Chino" paseaba aquella mañana por una de las más opulentas calles de la ciudad. Cualquier sitio parecía bueno pero se aseguró de elegir el que menos sufriría las consecuencias de su acción. Saco la barra de hierro que escondía en la gabardina y la emprendió a golpes con el escaparate de la joyería que presumió tendría el mejor seguro. Mientras afanaba todo el material que abarcaban sus grandes manos dejó escapar una sonrisa de satisfacción. Probablemente la primera sonrisa desde que salió con la condicional.

     "La alegría que se va a llevar "el Mellao" y el resto cuando se enteren", pensó mientras se metía decenas de anillos de oro en el bolsillo. Cuando supuso que era suficiente para sus propósitos, "el Chino" se sentó en el suelo a esperar a la policía. Estaba totalmente relajado pero impaciente por volver a ver a sus compañeros.

     






jueves, 19 de abril de 2012

DESAHUCIO


Seguro que hubiese elegido ser cualquier otra cosa. ¿Un ave selvática? Eso estaría bien. Un aventurero, un deportista olímpico, quizás un reptil. Posiblemente se conformaría con no ser más que un insignificante insecto. Pero el libre albedrío no era una cualidad inherente a su naturaleza.

Pasó sus años de vida útil al servicio de una humilde familia en el extrarradio de Dios sabe que ciudad. Soportó condiciones meteorológicas adversas y en ocasiones se llevó más de un golpe; algunos fortuitos y otros no tanto. Sin embargo, y en este caso por suerte, el dolor y el sufrimiento eran otras de las capacidades que su condición no disfrutaba.

Si pudiese escuchar se sabría de memoria todos los éxitos de gasolinera de los ochenta. Probablemente su postura estaría cercana al extremismo si se le preguntase acerca de Los Chichos, Calis, Chunguitos, Junco... Para bien o para su desgracia Ludwig Van nunca paraba a repostar por el barrio.

Pudo haber visto, en aquel desamparado hogar que ayudó a crear, acontecimientos de desbordante felicidad (los menos), de incontinencia frenética, de enajenación mental transitoria, de incontinencia verbal, de fertilidad certera, de incontinencia fecal, de usos y abusos, de incontinencia suma, de consecuencias punibles, etc... Pudo haber sido testigo de cargo de las palizas que aquel hombre propinó a su mujer y a los cuatro hijos que llegó a engendrar.... si no careciese de ojos y de boca. Si tuviese la capacidad de desear que se pudriese en la cárcel... si fuese quien de jurar, juraría que hubiese pasado "enjaulado" mucho más tiempo del que ya cumple.

Razonando, encontraría argumentación suficiente para tratar de convencer al juez, a la Guardia Civil o al político de turno. Ahora que ella se había atrevido a denunciar a su verdugo, la Justicia no podía dejarla en la calle con sus cuatro pequeños. Con un poco de humanidad conseguiría una moratoria para que pudiese encauzar su vida de nuevo.

El alma se le partiría escuchando a la mujer, ante la puerta, defender la chabola entre sollozos. Tras la orden, las quejas se perderían ahogadas por el estruendoso ruido del motor de las retroexcavadoras al arrancar. No podría soportarlo, después de tantos años juntos.

Una vez concluida la demolición, hubiese sido objeto de multitud de comentarios si los allí presentes se percatasen de su supervivencia. Pero todos estaban inmersos en sus propias tribulaciones y a nadie pareció importarle que fuese lo único que permanecía intacto después de la violenta destrucción. Sara fue la única y, todavía presa de la ira y la impotencia, reparó en él. Se hubiese sentido halagado, tras compartir techo durante tanto tiempo, pero después de todo no era más que una vulgar piedra inerte.

Sara, agarró el único ladrillo que resistió la embestida de la maquinaria de demolición y, acercándose por detrás y a traición, lo arrojó con toda su rabia hacia el grupo de personalidades que ya abandonaban el lugar tras verificar que se cumplía la orden judicial. Alcanzó a uno de los tipos trajeados que cayó al suelo tras recibir un impacto que resultó suficiente para reventar su occipital. El ladrillo se partió en mil pedazos que se desperdigaron por el árido suelo. Entre los trozos de arcilla cocida se advertía la sangre que resbalaba por su superficie como si brotase de su interior; como si realmente fuese su propia sangre.

lunes, 19 de marzo de 2012

EL ENCARGO

Al recibir la fatal noticia, Jorge se tambaleó dejándose caer sobre el mullido sillón de la sala. La encajó con incredulidad, como las anteriores, pero ya sin sorpresa. Volvió a sacar del cajón el recorte de prensa donde se publicó la fotografía en la que aparecía junto a sus compañeros de equipo y la observó durante minutos. Jamás creyó en males de ojo, ni en "meigas", ni en nada del estilo pero aquella cadena de tragedias no podía ser fruto de la casualidad sin más.

- Ha muerto otro compañero, mamá- susurró aturdido ante la atónita mirada de la madre que se acercó pasando su mano por el hombro y sin saber ya que decir.

A Jorge le resbaló una lágrima sobria por la que descargó parte de ese sentimiento de pena y miedo a partes iguales que empezaba a invadir su interior. La gota se estampó contra el pie de foto y al volver a leerlo, Jorge sonrió recordando el error de edición:
"Equipo campeón del torneo de primavera 2011".

-No ganamos mamá- masculló sollozando

-Lo sé, Jorge, lo sé- le consoló.

-Perdimos la final contra ese equipo de "mastodontes". No tuvimos ninguna opción pero nos reímos mucho cuando leímos el pie de foto al día siguiente. ¡Míralos como posan antes del partido! Cuesta creer que casi todos estén muertos un año después-

Jorge llegó al tanatorio donde le esperaban sus compañeros. Al saludarlos pensó si él dejaría entrever en su rictus la misma expresión de terror que transmitía el rostro de estos.

- Solo quedamos los tres, ¿me creéis ahora?- musitó Rubén que opinaba que alguien había practicado con ellos alguna acto de magia negra.

-Deja de decir tonterías, esas cosas no tienen sentido, además ¿por qué motivo alguien querría vernos muertos a todos? - replicó Jorge.

-Yo ya no sé que pensar, ocho compañeros muertos en menos de un año no deja de ser demasiada casualidad- contestó el portero.

Para ninguno de ellos tenía sentido ninguna explicación racional pero Jorge se negaba a creer en la teoría del mal de ojo. Cuando "El Culebras" apareció muerto al mes de disputar aquel partido reinó la consternación. Nadie podía imaginar que un chico joven pudiese suicidarse aunque muchos conocían sus problemas conyugales y económicos que se iban multiplicando por semanas. Fue aquel accidente del pesquero donde trabajaban cuatro de los integrantes de la plantilla el que dio pie a las absurdas teorías de Rubén. Después la moto de Oscar, la picadura de abeja que pilló a Toni desprevenido y lejos de su adrenalina y por último la reciente caída que causó la rotura de cuello de Juan contra algún maldito peldaño. Lo cierto es que a diferencia de los anteriores, nadie de los presentes en ese velatorio se atrevió a acercarse a los tres supervivientes durante toda la tarde.

-No hay nada que podamos hacer, somos los siguientes- dijo Rubén con desesperación.

Pronto vencería el año de plazo que el cliente había dado al "Estirnina" para llevar a cabo el encargo. A través de su página web en la que se ofrecía como exterminador de plagas volvió a teclear la contraseña que enmascaraba su verdadero oficio. El "Estirnina" fue citado de nuevo por aquel misterioso hombre del que nada necesitaba saber. Si había llegado hasta donde estaba era porque cumplía con sus encargos y nunca hacía preguntas. Una vez más se puso a disposición de su contratante del que solo recordaba aquel marcado y característico acento. Siguiendo las instrucciones, como la vez anterior, dejó la llave bajo el felpudo del piso alquilado para la ocasión, tragó la dosis de somníferos prescrita y se acostó a esperar.

Al despertar, recordó las mismas sensaciones del día de su contratación. Se encontraba sentado y atado de pies y manos, una venda le cubría los ojos y el mismo aroma a puro le invadía la garganta. Tal y como el primer día, no tardaría en escuchar aquella voz:

-Confieso que estoy decepcionado señor... ¿vitamina? me habían dicho que usted era el mejor.-

-Lo soy señor, ya le dije cuando me contrató que era un trabajo complicado y que un año no era tiempo suficiente. Pero le prometí trabajar en ello en exclusiva y calculó que en unos tres meses más estará resuelto.-contestó el "Estirnina" seguro de sí mismo.

-Le adelanté mi dinero "melanina" y me dice que en tres meses va a hacer usted lo que no logró en un año- gritó el hombre tras soltar otra bocanada de humo.

-Tiene que comprender que eran desconocidos, he tenido que hacer un seguimiento de once personas y esperar el mejor momento para hacerlo pasar por accidente como me dijo. Solo he podido acabar con ocho...-

-¿Cómo ocho? Mis fuentes me han dicho que todos los "mad...", que todos están vivos- exclamó el cliente aumentando su enfado y sin entender lo que estaba pasando.

- ¿Iba a decir "maderos"? Ninguno de ellos es policía, la tarifa hubiese sido distinta de lo contrario- Dijo sorprendido.

-¿Y por qué querría verles muertos si no? ¿De quién creías que querría vengarme de esta manera? Te dije donde encontrar su fotografía.-

-La busqué en el diario que me indicó, el equipo vencedor del torneo. La tengo todavía en el bolsillo- Un secuaz introdujo su mano en él y extendió la foto sobre la mesa.

-Estos no son los vencedores- rugió el vengador desolado mientras sacaba un revólver que estampó en la sien del asesino que no tuvo tiempo de escuchar el sonido sordo del disparo que acabó con su vida.

En ese mismo instante, un editor de diario local colocaba otra vez un pie de foto equivocado, apagaba el ordenador con prisas y se iba a casa a descansar y a disfrutar de su familia, plácidamente. Al día siguiente, alguien le recordará que se ha vuelto a equivocar y él sonreirá restándole importancia a la errata.

lunes, 20 de febrero de 2012

POSESIÓN


Ella se aferraba a su presencia como nunca lo había hecho antes. Recordaba su vida con él desde que tenía memoria pero nunca lo había sentido tan cerca...tan suyo. Siempre intentaba mostrarse cariñosa; quería que supiese que estaba ahí y que debía contar con ella. Ningún beso era redundante, ningún abrazo trivial mientras lo sintiese cerca.

A él le empezaba a preocupar cada vez más su actitud. Hacía semanas que notaba un exceso de celo que comenzaba a resultar enfermizo. Desde que contempló sus pequeños ojos achinados por primera vez, hacía dos años y medio ya (el tiempo pasa para todos), supo que la querría para siempre y que su vida se centraría en tratar de hacerla feliz, costase lo que costase. Pero no estaba acostumbrado y en ocasiones, su ofuscado comportamiento le parecía extremadamente irritante.
Ella quería acompañarlo a todos lados, a todas horas. Era demasiada la frecuencia con la que montaba "escenitas" cuando él se iba de casa, aunque fuese por motivos laborales. No permitía que nadie se le acercase, que nadie osase entablar la más mínima conversación. En ocasiones incluso llegaba a desatar su furia golpeando a quien pretendiese algo más que saludarle.

Él estaba al borde de la desesperación. Sus allegados trataban de animarlo, diciéndole que seguramente se trataba de un conducta pasajera y que todo volvería a ser normal en poco tiempo, pero no sabía que pensar. Recordó entonces a un viejo amigo que hacía mucho que no saludaba. Había escuchado decir por ahí que trabajaba de psicólogo o de psiquiatra o alguna profesión de esas que tratan a gente que pierde la calma y se decidió a quedar con él.

Ella, por supuesto, lo acompañó. Para no levantar sus sospechas, decidió citarse en un bar cerca de la consulta del amigo dónde siempre hacía pausa para llenar el estómago a media mañana. Tardaron plato y medio en ponerse al día mientras ella daba cuenta de su menú a regañadientes, sin entender una palabra de lo que decían y sin querer disimular su frustración. Después él entró en materia y explicó a su amigo el gran problema implorándole una solución que le permitiese volver a descansar por las noches.

-Tranquilo hombre, no tienes porqué preocuparte de nada - dijo el amigo con una gran sonrisa. - Estás cosas son totalmente normales, echarás en falta el día en que no te necesite tanto- prosiguió levantándose de la mesa y tendiéndole la mano entre carcajadas pues se acercaba la hora de regresar a la consulta. Ella observaba la conversación y frunció el ceño al percatarse del gesto. Irritada, golpeó con rabia el brazo del amigo tratando de evitar el amistoso apretón de manos mientras gritaba con su dulce vocecita ofuscada: -Papá "ez" mío -